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HISTÓRICAS Y DIVERSAS: LA CONTUNDENTE MARCHA DE MUJERES EN EL ALTO Y LA PAZ

  • Foto del escritor: Lila Andrea
    Lila Andrea
  • 20 mar 2020
  • 10 Min. de lectura


Apartidaria, autónoma y enmancipada, rechazando a Evo Morales y a Jeanine Áñez, así se gestó y vivió la histórica marcha por el 8M en El Alto y La Paz.


Entre ellas, las mujeres que recorren ambas ciudades el lunes 9 de marzo, la rabia se ha convertido en fuego, el dolor en resiliencia y, lo que queda más claro que nunca, es que el feminismo jamás va a ser funcional a los poderes que buscan someternos.


Sin embargo, los feminismos son y siempre serán políticos, así como la lucha de las mujeres, con sus marchas, convocatorias y manifiestos.


“Denunciamos el golpe al pueblo y a las mujeres vivido a través del Golpe de Estado el 2019. Las masacres de Sacaba, Senkata y Ovejuyo no pueden quedar impunes, así como las represiones, detenciones arbitrarias, intervención y destrucción de medios de comunicación, anulación de la libertad de expresión, que se mantienen hasta el día de hoy y que se estrellan principalmente contra nosotras: ¡es un golpe contra nuestros derechos, cuerpos y territorios! A los parlamentarios del MAS y al Gobierno les decimos: ¡con nuestros muertos no se negocia!”.


Ese es el primer punto de la convocatoria que, un día después del 8M, congregó, según estimaciones de las participantes, a casi siete mil mujeres en una multitudinaria marcha por el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras.


La marea feminista tomó las calles y descendió ocupando con sus voces cada rincón desde la Ceja de El Alto hasta la plaza del Estudiante en La Paz.


Un hito en la historia de las luchas de las mujeres en Bolivia, un país que constantemente se encuentra liderando los “ránkings” regionales de violencia machistas y feminicidios ante la indolencia de la opinión pública.


La marcha por el 8M se realiza por cuarto año consecutivo y, en esta ocasión, se trasladó al día lunes para seguir con su carácter de paro laboral.


Otra particularidad este año fue que las consignas, además de las que constantemente se repiten en las movilizaciones feministas, también apuntaron contra el golpe de Estado cívico militar hacia el pueblo -no hacia un partido político- denunciando las matanzas de Senkata, Sacaba y Ovejuyo.


“Son los lugares que más han sufrido” explica Emma Rada, integrante de la Articulación de Mujeres y Feministas Pluridiversas, parte de la comisión de organización de la marcha feminista.


“Durante el conflicto estuvimos articulando muchísimo entre La Paz y El Alto, por eso vimos la necesidad de apoyar a las mujeres de El Alto, cuya lucha ha sido invisibilizada. Claro que sin lavar la cara de ningún partido político, que incluso ha usurpado los términos que usamos”, añade.


Por eso no sorprende que los cánticos de la protesta, haciendo añicos el bipartidismo y la partidocracia, pongan a los políticos “de moda” en la misma bolsa: "Evo, Mesa, Añez, partidos patriarcales. Se han aprovechado de las luchas sociales".


LA PREVIA

Durante el 6 de marzo, efeméride de la ciudad de El Alto, un grupo de mujeres autoconvocadas entró al desfile cívico y desplegaron dos telas enormes donde se leía:

“Soy alteña, no terrorista. Soy mujer, no objeto sexual”.
“Ni terrorista por protestar, ni sediciosx por denunciar”.

Esta acción terminó con el montaje de los mensajes en un par de pasarelas. Finalmente, una de ellas fue retirada por la policía.


“Parecía más una marcha militar que una de la sociedad civil”, cuenta una de ellas y agrega que la gente estaba ahí para repudiar la indiferencia de la alcadesa Soledad Chapetón, quien no se manifestó por las muertes en Senkata e instrumentaliza su cargo por ser del partido Unidad Nacional, ahora en alianza con Demócratas, promoviendo la elección de la presidenta Jeanine Añez, siendo que la mayoría de lxs alteñxs no la quiere.


“Ha sido un acto instantáneo y hemos generado incomodidad a las autoridades. La gente de a pie nos ha aplaudido porque saben que estamos de luto”, concluye y prefiere mantener el anonimato para no correr riesgos.


Probablemente, esta fue la primera actividad en torno al Día de la Mujer. Desde la víspera el objetivo estaba claro: darle voz a la inconformidad de la gente.


Bajo esa misma línea, el 9 de marzo, miles de mujeres recorrieron por casi cinco horas las calles empinadas y ondulantes, entretejiendo diferentes consignas, poniendo en evidencia la pluralidad y diversidad de pensamientos dentro el feminismo boliviano.


Cada bloque tenía propuestas específicas y distintas, algunas desde la rabia, otras desde el dolor, otras desde el arte y la sanación.


LA DIVERSIDAD COMO BANDERA

“Nuestra propuesta política en esta marcha también es la de mostrar la diversidad y multiculturalidad de pensares y demandas bajo un marco de respeto. Podemos marchar juntas, de eso se trata la defensa de nuestros derechos”, explica Emma, subrayando que La Paz es un departamento y no solo la ciudad sede de Gobierno.


La marcha fue encabezada por las victimas de Senkata y la zona Sur, seguidas por lxs familiares de víctimas de feminicidios, también participó la Asociación de Mujeres Constructoras, las gremiales y las trabajadoras del hogar.


También se sumaron agrupaciones autónomas, como las de la línea de asistencia para el aborto seguro, a estas alturas referentes de esta movilización.


“En el acto político, al finalizar la tarde, se leyó el comunicado insurgente, disidente y revolucionario de las mujeres de Huanuni y hablaron diferentes agrupaciones como Pan y Rosas, Salvaginas, La Casa de las Cholas y, como ‘novedad en este año’, estuvo el bloque antiespecista, por primera vez”, relata Andrea Terceros, parte de Warmis en Resistencia, quien estuvo en la comisión de seguridad.


Luego hablaron las mujeres constructoras, con un canto muy emotivo.


Alicia, una mujer víctima de violación por un cura en la Chiquitanía, quien actualmente es peligrosamente acosada por la Iglesia Católica, también tomó la palabra.


En estos espacios todas tienen lugar y todas las voces son escuchadas.


Así, con una amplia participación se denunció el avasallamiento sobre nuestros cuerpos desde el avance neoconservador, poniendo en vilo, especialmente, al derecho de decidir.


Se exigió la separación de la Iglesia y el Estado y se resaltó las demandas laborales de las mujeres.


Pero no todas lo hacen de la misma forma.


“En este momento se gesta en Latinoamérica un momento contundente y representativo cuando vemos que la filosofía europea cae en un vacío existencial, con base en la modernidad, cuando todo depende de una misma”, explica Gabriela Aguayo, feminista independiente y apartidaria que forma parte del bloque de Legados Ancestrales, en el que participaron curanderas y sanadoras.

En este grupo también participaron las Flores del Viento, un conjunto de tarkeada compuesto casi en su totalidad por mujeres, que escribieron letras de lucha para acompañar los vientos de cambio.

“Desde la punta de aquel cerro, warmis soplamos los vientos. Las awichas acompañan, porque saben que es el tiempo”.

Dentro de la cosmovisión andina, las mujeres no pueden tocar los instrumentos musicales de viento y como uno de sus principios tienen la defensa de la vida en un concepto amplio. Esto complejiza el debate feminista desde Bolivia.

“Nosotras como comunidad en el Ayllu Pacha Ajayu debatimos el tema de participar en la marcha ya que, desde la visión más conservadora, había posiciones que no estaban de acuerdo porque en la marcha hay consignas proaborto, en un sentido bien simplista de lo que es aborto”, comenta Luli Warani, el nombre ancestral de Grace Larico.

“El debate es legítimo y es enriquecedor, ya que no permite que esa energía se estanque”, añade.

Ella, junto con otras mujeres, ante el impedimento de poder participar bajo el nombre del ayllu en el que tiene lugar el Taller de Práctica e Investigación de Música Ancestral, hicieron un llamado a otras mujeres para autoconvocarse y participar de la marcha con música. Así nació las Flores del Viento.

“Nuestra posición, como mujeres que soplamos, da espacio a que se pueda hablar y no simplemente aceptar que las mujeres no podemos tocar. Al fin y al cabo, somos una comunidad urbana, si bien queremos restituir caminos, no vamos a retroceder para decir que hay que caminar como los abuelos, así fijo. Hay que dar lugar a estos debates”, concluye.

Esta época en la cosmovisión andina es de gratitud y celebración a la vida (primeras cosechas). Tiempo de lluvias, tiempo femenino, tiempo de flores, Jallupacha. Para esto se canta con la voz de la tarka, dice su convocatoria, que a su vez indica la necesidad de un balance y armonía con los otros seres y por eso también son acompañadas por los jilatanakas (hermanos) del ayllu que quisieron acompañar la marcha. No obstante, se tuvo claro que la virtud de la manifestación es una lucha desde las mujeres. Por eso pidieron estar atrás, para armonizar el dolor que encabezaba la movilización con “alegría y amor”.

Linda Bartolina, porque eres guerrera, cantemos todas alegres/Todas cantaremos y nos uniremos en esta gran lucha/Cantando, gritando, todas marcharemos, en esta gran lucha.

“Cuando nos referimos a nuestras luchas del Abya Yala, de la matria grande, proponemos la armonía en la coexistencia de los seres. Dentro del campo espiritual se pide el respeto, en la comunidad, que incluye también a los animales, por eso es importante destacar la participación antiespecista que le hace frente al capitalismo o como las Salvaginas, que desde el ecofeminismo rescatan los legados ancestrales”, comenta Gabriela, a manera de explicar la diversidad de feminismos que no necesariamente recaen únicamente en tendencias de “izquierda dura”.


“Nosotras nos reivindicamos como nación indígena, porque llevamos wiphalas, porque hay cholas: banderas y polleras que también hacen parte de la clase obrera. En ese aspecto la seguridad ha sido impecable en su trabajo al identificar infiltrados políticos que pueden dañar la organización autogestada de manera independiente”, concluye.


NO HAY ESPACIO PARA PROTAGONISTAS


Con las emociones a flor de piel, familiares de las víctimas de feminicidio, que este año ya superan las 30, quienes contaron la eterna peregrinación en búsqueda de una justicia que siempre se les escapa de las manos, porque el sistema no les permite alcanzarla.

Cuando empezaron a bajar por la Max Paredes, hacia la plaza Eguino, fue uno de los momentos particularmente emocionantes.


“Las caseras han salido de sus puestos, primero han visto qué estaba pasando y luego nos han agradecido, aplaudían y se han acercado”, relata Andrea.

“Alguno que otro minibusero se ha puesto alevoso, pero igual desde adentro del minibús nos hacían like con las manos”, complementa.


Obviamente no faltó uno que otro machito agraviando y criticando a las compañeras.


Volviendo al inicio, la convocatoria concentró a la mayoría al mediodía, en el Multifuncional de El Alto, desde ahí varias columnas de mujeres bajaron haciendo dos paradas: la primera en el Cementerio y la segunda en Correos.


En ambos lugares, había mujeres organizadas haciendo diferentes intervenciones artísticas que congregaban a la gente para que cuando la marcha pase, todas pudiesen acoplarse. Cuando llegaron a la fuente del Prado, las mujeres habían teñido de rojo el agua y pegado carteles reivindicativos y de denuncia alrededor.


En el momento de la performance, unos cuantos matones antiderechos arrancaron los afiches y se robaron una biblia que se usaba en la puesta en escena. “Están defendiendo su religión pero están robando, incumpliendo sus mandamientos, son lo más incoherente”, comenta Drixie, una de las chicas que se pintó el cuerpo y participaba de la acción.


“Se fueron gritando que iban a defender su Iglesia (que está en frente de la fuente) cuando nunca hemos dicho que íbamos a hacer algo ahí”, continúa.


Otro momento de confusión fue cuando la periodista Melisa Ibarra participaba de la marcha y empezó a gritarles a las mujeres de Senkata que eran masistas vendidas. En este momento tuvo que intermediar la comisión de seguridad ya que Ibarra, operadora mediática del Golpe contra el pueblo, fue a provocar a mujeres que estaban de luto.

“El primer punto de la convocatoria para esta marcha fue la resistencia al Golpe y el acompañamiento de las víctimas de Senkata. Si no te sientes convocada, no asistas”, reclama Andrea.

“No sé si las personas que estuvieron en la marcha y nos acusaron de ser ‘masistas pagadas’ leyeron la convocatoria, la organización se dio desde enero y ahí escribimos los siete puntos que socializamos”, insiste.


En este llamado se insistía en la calidad apartidaria y no institucional de la movilización.

Otro grupo de jóvenes había pedido tomar la palabra, porque no estaban de acuerdo con este punto. Había un orden para la lectura en el acto político y se les explicó que había una organización de meses para esto, que podían tener la palabra al final del acto, pero ellas decidieron no esperar y se retiraron.


Esta fue la primera marcha para muchas mujeres y “la conciencia está creciendo”, acota Emma.


“No podemos estar todas libres, si una no está libre. Me da pena las chicas que se han ido con una falsa impresión, eso me deja un sinsabor”, comenta Andrea.

“Las feministas tenemos una indignación generalizada. Es por eso que debemos replantear y reconstruir nuestros valores en la sociedad”, añade Gabriela mientras que Luli explica que también es un tiempo para desaprender y recordar nuestro camino ancestral.


SOMOS LAS NIETAS DE TODAS LAS CHOLAS QUE NO PUDIERON COLONIZAR

Los feminismos en su diversidad están siendo la respuesta global ante los sistemas políticos, cada vez en más decadencia y que se están quedando obsoletos ante las nuevas formas de vivir y ver la vida, ya sea por los avances de la tecnología y todo lo que esto conlleva o por las resistencias de los pueblos ancestrales, que están resurgiendo con una mirada no solo decolonial, en el sentido de retomar las formas antes de la conquista, sino de repensarlas en una clave de avance de los derechos humanos.


“Estamos denunciando el avance de la ultraderecha y el conservadurismo, el golpe de Estado como un golpe al pueblo, el avance inminente del extractivismo, que ya se había hecho desde el neoliberalismo del MAS y que, ahora, este gobierno continúa”, concluye Emma.


Sus palabras van de la mano con parte del manifiesto de Salvaginas, quienes exigen la derogación o abrogación de normativas que flexibilizan e incentivan el saqueo de nuestros recursos naturales, territorios y naturaleza, bajo un modelo de desarrollo economicista que genera impactos diferenciados y sobrecargas socioambientales a las mujeres y defensoras en los territorios.


La interseccionalidad en Bolivia se hace cada vez más presente y “es el tiempo”, pues durante muchos años nos robaron el discurso y los partidos políticos aprovecharon las consignas solo para hacer proselitismo.


Superando las cinco mil mujeres del año pasado y sabiendo que las movilizaciones que antes se daban con cierto apoyo dejaron de estar, se hace aún más legítimo este movimiento que trasgrede las barreras de un mandato único y se transversaliza en la medida que se van entendiendo, repensando y debatiendo las ideas. Los feminismos no son estáticos, son una masa en constante movimiento.


Con tarkeadas, batucadas, música, alegría y también llanto, las mujeres se encontraron, algunas solo participaron en un tramo, otras estuvieron de principio a fin, se aprovechó para gritar las rabias, para pintar el dolor, para danzar el amor.


Un balde de pintura para arreglar el ornato público no cuesta más de 200 bolivianos, las vidas de los niños huérfanos, de las madres asesinadas o violadas no tienen precio.


Mientras el enfoque siga siendo superficial y de fondo, la lucha va a aprovechar cualquier contexto para hacerse ver y, también, estará siempre ligada a la coyuntura que avanza contra los derechos humanos.


“No somos carne de cañón, somos seres humanos que luchamos por la comunidad de donde salimos y a donde volvemos, porque no la queremos soltar. Es nuestro territorio, que sean nuestros estos territorios los que resistan, en base a nuestro pensamiento político y de lucha, somos sujetos políticos, de nuestra mano debe generarse otra historia en El Alto, una en donde nosotras, como mujeres, protagonicemos la resistencia y la lucha contra toda intención de opresión y represión estatal”.


Se lee en el manifiesto elaborado para este 8 de marzo por las mujeres alteñas autoconvocadas, quienes relatan lo que piensan de sí mismas, sus formas de estar en los territorios y de querer ocupar espacios políticos.

“¡SOMOS MUJERES ALTEÑAS Y NO SOMOS TERRORISTAS! ¡JALLALLA LA MUJER DE POLLERA! ¡POR NUESTROS CAÍDOS Y CAÍDAS EN SENKATA! ¡POR NUESTRAS MUERTAS! ¡NI OLVIDO NI PERDÓN, JUSTICIA!”

Concluye el texto. Contundente. Tal como se cerró la jornada del 9 de marzo, en quizás la mayor manifestación de mujeres feministas en la historia contemporánea de Bolivia. Marca un hito y es producto de la fuerza organizativa que se consolidó el año pasado, después de un tiempo tan conflictivo y lleno de dolor.

Esto, también, es un indicador de que en tiempos de crisis tenemos la capacidad de reunirnos y proponer tomando la acción en nuestras manos.


LA CALLE ES NUESTRA, NO LE DES ESPACIO AL MIEDO.




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